Una carrera inesperada en la matemática
En septiembre de 2026, la comunidad de investigación se vio sacudida por la aparición simultánea de dos intentos de resolver uno de los siete problemas del Milenio: la existencia y suavidad de las ecuaciones de Navier‑Stokes. Por un lado, el profesor Tristan Buckmaster de la Universidad de Nueva York, junto al matemático de Anthropic Levent Alpöge, anunciaron tres pruebas preliminares que acercaban la respuesta a este enigma de la física de fluidos. Por otro, OpenAI reveló una demostración completa, alegando haberla obtenido con un modelo de próxima generación que consumió cientos de miles de millones de tokens.
El hallazgo de Buckmaster y Alpöge
Los investigadores describieron su método como una ruta poco transitada, inspirada en la formulación de Fefferman y en trabajos previos de Luis y Diego. Utilizaron mayormente el modelo Codex de OpenAI, complementado con herramientas de Anthropic, para explorar una variante específica del problema que pocos colegas estaban abordando. En su comunicado, Buckmaster admitió que la coincidencia temporal con los esfuerzos de OpenAI le resultó desconcertante, pues la estrategia elegida no es algo que una inteligencia artificial descubra en cuestión de días sin guía humana.
OpenAI publica su propia prueba
Poco después, la compañía anunció haber completado la prueba del problema Navier‑Stokes, atribuyéndola a un modelo aún no lanzado al público. Según su informe, la investigación se inició el 1 de septiembre, motivada por rumores de que dos de los problemas del Milenio estaban cerca de resolverse. El proceso habría demandado alrededor de 300 000 millones de tokens, equivalentes a 22,5 millones de dólares en cómputo bajo tarifas actuales. OpenAI también confirmó que mantuvo conversaciones con Buckmaster y Alpöge, aunque los detalles de esas interacciones permanecen vagos.
Implicaciones éticas y de investigación
El episodio plantea preguntas delicadas sobre la frontera entre la colaboración académica y la competencia corporativa. Si la información sobre los avances de Buckmaster se filtró antes de su publicación, la reacción de OpenAI sugiere una estrategia de “carrera de velocidad” basada en recursos computacionales masivos. Además, la falta de claridad respecto al grado de intervención humana en la generación de la prueba genera dudas sobre la autenticidad de los resultados y sobre la posible apropiación de ideas sin reconocimiento adecuado.
Este caso subraya la necesidad de establecer normas transparentes para el uso de IA en la investigación matemática, así como mecanismos que protejan la propiedad intelectual de los científicos cuando sus descubrimientos son explotados por entidades con mayor capacidad de procesamiento.